Tiendo a idealizar a los poetas que me gustan. Y después de leer su biografía me siento más cerca de ellos, y los veo más hombres que poetas. Ya me pasó con don Antonio Machado (a la tercera página yo ya quería a ese hombre), con Juan Ramón Jiménez y con Luis Cernuda. Sin embargo, con otros, a los que también admiraba, he experimentado un desencanto que los ha tiradp del pedestal donde, tras leer su obra, yo los había colocado. Y eso me ha pasado al conocer detalles, anécdotas y comportamientos con relación a otros poetas, como me pasó por ejemplo con Pedro Salinas y Jorge Guillén (con relación a Luis Cernuda), y como me ha pasado ahora con Rafael Alberti y Pablo Neruda (con relación a Miguel Hernández).

Son muchas las anécdotas que me han impactado de lo que Ramón Pérez Álvarez ha contado sobre su amigo Miguel Hernández, en muchos casos luchando contra las mentiras de la viuda del poeta y los robos de supuestos amigos.

Ramón fue compañero de Miguel Hernández en la cárcel de Alicante, como él, fue condenado a muerte por Franco y posteriormente indultado. Fue él quien amortajó el cuerpo del poeta y, ayudado por otros presos, lo sacó en hombros de la cárcel hasta el punto donde lo recogió su familia.

Conoce detalles que han sido silenciados porque Josefina Manresa (la viuda de Miguel Hernández) quería tener la exclusividad en el corazón del poeta, lo cual no era cierto, con lo que ella negó hechos como la amistad de Miguel con María Cegarra, durante una ruptura con su novia Josefina; amistad más intensa por parte de él que de ella, pero que seguramente inspiró en gran parte El rayo que no cesa.

Josefina tampoco cuenta que en una carta Miguel le pedía que "se olvidara un poquito" de él y que hasta consentía que se le "arrimara" alguien.

También ocultó la afiliación de Miguel Hernández al Partido Comunista. Ramón fue quien le dio el carné a Josefina, y ella se encargó de "perderlo" y negarlo.

Además de María Cegarra y Josefina Manresa, otras mujeres pasaron por la vida de Miguel Hernández si bien no pasaron de una mera amistad. Elena Garro (primera esposa de Octavio Paz), Delia del Carril (mujer de Pablo Neruda), Carmen Conde, Concha Méndez (mujer de Manuel Altolaguirre), María Zambrano, que dijo de él: "Si Federico García Lorca es el símbolo del poeta asesinado, Miguel lo es del hombre que no podía ser sino poeta"; y Mª Teresa León (esposa de Rafael Alberti), que tuvo una vida apasionante y murió de Alzheimer sin poder recordarla. Por ella sabemos que un día Miguel Hernández llegó a su casa lleno de ira porque la guardia civil caminera lo interrogó cuando lo vieron pasear con un libro en las manos y lo golpearon cuando contestó que estaba leyendo y que era poeta. Sus alpargatas y su chaqueta de pana, su atuendo de campesino y los golpes que recibió eran la prueba de que había clases. Para ella, "El viento del pueblo" comenzó ahí.

Me ha gustado mucho conocer una anécdota muy tierna de la boda de Concha Méndez y Altolaguirre. Entre los testigos estaban Juan Ramón Jiménez, Cernuda, Lorca, Guillén... y ella misma cuenta que al salir de la iglesia, Juan Ramón empezó a tirar monedas a los niños y gritaba: "¡Digan conmigo, viva la poesía! ¡Viva el arte!". Muy de Juan Ramón.

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A veces leemos una biografía y creemos sin más lo que el autor cuenta. Cuando lea la de Miguel Hernández tendré muy en cuenta lo que Ramón Pérez Álvarez sabía.

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