Érase una vez un indeseable que insultó, amenazó y golpeó a una chavala en el vagón de un tren. La intimidó, le tocó un pecho. Le pateó la boca.

Un muchacho fue testigo del ataque. No se movió. No quiso mirar. Estaba paralizado.

El indesable había tenido una infancia tormentosa. La chavala era inmigrante ecuatoriana. El testigo era inmigrante argentino.

Un pasado turbulento puede implicar un presente igualmente proceloso, pero desde luego no justifica el comportamiento repulsivo y totalmente intolerable del desgraciado que es valiente ante la indefensión de una muchacha de 16 años asustada y sola. El juez, en su inmensa sabiduría,consideró que el individuo podía pasear tranquilamente por la calle.

La chica, muerta de miedo, ni siquiera se había atrevido a denunciarlo. Ella también estaba libre, pero ella no podía pasear tranquilamente por la calle. Quizá no pudiera hacerlo nunca más (tranquilamente).

El testigo se convirtió en blanco de críticas debido a su pasividad ante la agresión. Primero reprobaron su medrosa actitud. Luego la disculparon por su condición de inmigrante (pero lo hicieron luego).

* * *

Al ver la escena en televisión, todo el mundo tiene una opinión sobre cada uno de los personajes de este macabro cuento. El miserable agresor, racista y cicatero. La víctima, mujer, inmigrante e indefensa. El testigo, inmigrante y asustado. Nos ponemos, haciendo un ejercicio dificilísimo, en el pellejo de ella; y luego también en el pellejo de él, el del testigo. Y entonces pensamos qué haríamos nosotros en semejante situación.

Luego volvemos a pensar.

El miedo nos convierte en seres totalmente imprevisibles. En otras personas distintas de las que somos. Es fácil hablar, es fácil pensar cuando no se tiene el miedo que tenía la chica, ni el miedo que tenía el chaval que lo vio todo sin mover un dedo. Es fácil, porque hablar y pensar sin miedo es fácil.

Yo no sé qué habría hecho en ninguno de los casos. Ni siquiera me lo planteo. Cualquier cosa que piense no tendría nada que ver con lo que realmente haría si me viera en la situación.

Ahora es el agresor el que tiene miedo. Como una rata se esconde. Lo han amenazado, latin kings nada menos, estos no se andan con tonterías. Incluso un grupo de magrebíes se ha mostrado interesado en él. El chaval tiene miedo ahora... pobrecillo...