Antes del verano ya tuve curiosidad por la literatura de Rilke (Rainer Maria), y durante el verano he leído un par de libros que me llevaban a Rilke. Cuando llegué me encontré con unas palabras de Rilke. Y ayer, sumergida en un baño purificador, me leí sus Cartas a un joven poeta.

Son unas cartas que escribió, entre 1903 y 1908, a un muchacho, un poeta desconocido, en las que no sólo expone sus ideas sobre lo que tiene que ser un artista, sino sobre su concepción de la vida.



"¡Qué sería una soledad que no tuviera grandeza? Hay sólo una soledad, y es grande y no es fácil de sobrellevar, y a casi todos les llegan las horas en que de buena gana se querría cambiar la soledad por una comunidad, aunque fuera banal y barata, por la apariencia de una escasa coincidencia con el primer llegado, con el más indigno... Pero quizá son ésas presamente las horas en que crece la soledad; pues su crecimiento es doloroso como el crecimiento de los niños y triste como el comienzo de las primaveras. Pero no puede equivocarse usted. Lo que se necesita, sin embargo, es sólo esto: soledad, gran soledad interior.


[...] Y no habría de dejarse engañar usted en su soledad por el hecho de que haya algo que desee salir de ella. Precisamente ese deseo, si lo usa usted tranquilamente y con calma y como una herramienta, le ayudará a ensanchar su soledad sobre la ancha tierra. [...] El que hayamos de mantenernos en lo difícil es una seguridad que no nos abandonará; es bueno estar solo, pues la soledad es difícil; que algo sea difícil debe ser una razón más para que lo hagamos".


Sé de gente que le teme a la soledad, es incapaz de estar solo, no conciben una vida en solitario, ni siquiera una temporada, unos días, un momento; y constantemente necesitan de la compañía de otros para huir de sus propios pensamientos, de los demonios que aparecen cuando se quedan solos. Un gran error. Creo que uno se conoce más a sí mismo cuando está solo. Es más él. Más sincero consigo mismo y con los demás. Crece en su soledad, sale purificado y más lúcido. Huir de la soledad es huir de uno mismo.