Nadie es infalible, es más, cuanto más infalible se quiere ser en algo en lo que no eres muy ducho, más ineficaz eres. Y no sólo sientes que decepcionas al que tienes al lado, que, bajo tu punto de vista (y no siempre el suyo) espera de ti que seas eficiente, sino que te sientes decepcionado tú contigo mismo. Y también suele suceder que eres más injusto y más duro contigo mismo que la persona que tienes a tu lado.


A mí me pasa eso. Las expectativas que deposito en el que está a mi lado, cumplidas o no, son sólo cosa mía, no es él el responsable de cumplirlas o no. Pero cuando las expectativas están depositadas en mí y por mí, y yo creo que también por el que está a mi lado, la cosa cambia. Esas expectativas también son cosa mía, y cumplirlas o no se convierte en mi responsabilidad.


Esto es sumamente complicado y trabajoso, ya que ése que pretende ser infalible en todo (o sea, yo), si falla, se convierte en un auténtico tirano consigo mismo, cuya crueldad resulta un auténtico lastre para la vida cotidiana del sujeto. Lo curioso es que dicho individuo, ante la supuesta falibilidad del que está a su lado se muestra comprensivo y tolerante. Perdona al que está a su lado, pero no se perdona a sí mismo.


Ante esta situación, como tantas veces, lo único que me queda por hacer es irme ante un espejo, pedirme perdón y perdonarme por haber sido excesivamente dura conmigo, abrazar al que está a mi lado (si es posible) y escuchar música. Seguramente, la próxima vez lo haga mejor.


Get it right next time

El tema es del amigo Gerry Rafferty, más conocido por otros temas como Baker Street (de un anuncio de Fortuna allá por los años 80) y Stuck in the middle with you (escena de Reservoir Dogs en la que Rubito desoreja al "pitufo").