Menorca (IV) 04/01/07
04/01/07

El último día se lo dediqué a Caballería. Caballería tiene varias cosas muy especiales. Por un lado la playa. Ésta es mi playa favorita (del norte de la isla), incluso en verano. Que no haya ni chiringuitos, ni hoteles, ni restaurantes, ni las “comodidades” que buscan la mayoría de los turistas, hace que sólo vayan los que están dispuestos a disfrutar sólo del mar, del paisaje, y de la magia del lugar, sin interferencias turístico-comerciales.






Y Ringo se lo pasó genial.



Tengo una foto del año 2004 hecha en esta playa, la presenté a un certamen y no ganó, pero salió seleccionada para aparecer en un libro. Se puede ver en esta página:
http://www.civilia.es/diferentes/2004/38.html
Siempre que voy intento hacer algo parecido. Esta vez me salió algo que no me disgusta del todo.



De camino al faro hay que pasar por Sanitja, que es un antiguo puerto de pescadores. Que esté en la costa norte no significa que esté expuesto a los embates de la Tramontana. Tiene la suerte de estar protegido por un islote (La illa dels porros), que lo protege. Allí se han encontrado hallazgos arqueológicos fenicios, cartagineses y romanos. Aunque se sospecha que bajo el mar hay mucho más oculto.

Desde que tomas la carretera hacia el faro ocurre igual que cuando vas a Favàritx, entras en otra dimensión. No hay signos de civilización. Casi no hay vegetación, y sólo divisas ensortijadas rocas de caprichosas formas que crearon el agua y el viento del norte. Y la carretera de recuerdos.
Los que hayan leído mi relite Náufragos en Sicorde podrán imaginarse que el Faro de Sicorde y la zona en la que se encuentra están inspirados en Caballería.



Llegar al faro vuelve a ser mágico. Es como llegar al fin del mundo. A esa arcana frontera entre la tierra y el mar. Entre lo conocido y lo incógnito. Entre lo tangible y lo inmaterial. Entre lo real y lo incierto. Es un lugar en el que tienen sentido las cosas. Y en el que el mar, el cielo y la roca se dan la mano, creando un escenario completamente impresionante.

El faro de Caballería, en el punto más septentrional de Menorca, es el segundo más antiguo. Su primera luz nació el 1 de marzo de 1857 (en ese año se registraron ocho naufragios en la zona). Se encuentra sobre un acantilado de 94 metros de altura, por ello la torre no necesita alzarse más de 15 metros. El faro se automatizó a finales de los años 80, a través de energía eléctrica producida por placas solares y baterías. El haz de luz llega hasta las 36 millas.









Curiosamente, cuando llegué al faro, vi la misma furgoneta que había visto el día anterior en el Far d’Artrutx. Y me lo tomé como otra señal. Estuve haciendo algunas fotos y seguí merodeando cerca de la barrera, por si el operario salía. Y salió. Y se acercó. Y cuando estuvo cerca me miró fijamente y me dijo: “¡Tú eres la de ayer!”. Esta vez tuve suerte. Me enseñó el faro.

Sebastián es el farero de Favàritx, pero se encarga también de otros faros. Él estuvo viviendo en la casa del faro hasta el año 93 ó 94. Me contó que en Caballería hay dos casas, para dos fareros, y una especie de casetilla-apartamento para el farero suplente (puesto ya inexistente). También me contó que en la casa de Favàritx tiene un pequeño museo casero con los aparatos antiguos que se usaban en el faro de Caballería, y que me lo enseñaría algún día.
Nada más entrar por la puerta de la torre se inicia una estrecha escalera de caracol que se angosta aún más conforme subes. Y pronto ves la lente.

La vista desde ahí arriba es espectacular. Mar y gran parte de la costa norte. Un paisaje imponente.



Muchas gracias Sebastián.
Teníamos poco tiempo porque la hora de comer se acercaba, pero nos encaminamos hacia Bini Gaus , en el sur, por la carretera de Mercadal, que es estrecha y sinuosa, entre bosques y tancas. Y la playa es preciosa.














Por la tarde mamá y yo fuimos a Rafal Rubí Vell, que es un predio en el que mis abuelos trabajaron como pageses en la época en que yo nací.


Allí hay unas navetas, que son unas construcciones funerarias del período Pretalayótico de la Edad del Bronce. Se las llama navetas porque tienen forma de nave invertida (la más famosa de Menorca es la de es Tudons, en Ciutadella). Entrar dentro podría considerarse toda una profanación, aunque tristemente se han convertido en una especie de atracción turística.


Algún espíritu prehistórico debió de poseyerme, porque después me puse a dar brincos por el campo.






Y por la noche, en Es Grao, una luna de un naranja inquietante, nos esperaba recostada sobre el mar.

(Perdonen el lapsus de la posición de la cámara)
Darunia dijo
¡Vaya vacaciones que te has pegado hermosa! Se te acusará de incitar al pecado de la envidia en los demás. Que lo sepas...
Y qué fotos más preciosas.
Menorca no la conozco. Sí estuve en Ibiza un año de vacaciones. Bueno, en un pueblo de Ibiza, que es más tranquilito que la capital.
Un beso de envidia.
7 Enero 2007 | 01:17 AM