Teorizando sobre el amor
Hoy he estado hablando con mis alumnos de bachillerato sobre el amor, estar enamorado, amar y que te amen, amar y que no te amen… en fin, un tema bonito del que hablar de vez en cuando. Intercambiar impresiones, conocer otras opiniones…
Estar enamorado es el estado perfecto del ser humano.
Es muy fácil hablar cuando una no está enamorada. Enamorada como antes. Amar, amar sà amo. Pero de otra forma. Y enamorada, enamorada también lo estoy, pero también de otra forma. Dando un paseo con Ringo por la playa lo he estado pensando.
El amor se proyecta hacia la otra persona y se espera ser correspondido, lo cual es a veces una forma muy dolorosa de amar, porque si no eres correspondido sufres, con lo que resulta que el amor es igual a dolor. Y en ese caso estar enamorado es un estado infausto del ser humano. Es lo peor.
Pero ésa es una manera muy limitada de amar. Y me explico. El que está enamorado está dotado de una energÃa mágica que es capaz de mover lo inamovible. Pero desperdiciarla lamentando que no se es amado, o que no se es amado como se quisiera ser amado, es un error. Es difÃcil dominar el propio amor, y de todo punto es imposible dominar el amor ajeno. Asà que, ante semejante situación, lo mejor es tratar de actuar sobre el amor que uno tiene antes que pretender hacerlo sobre el que el otro no tiene.
Por otro lado parece absurdo seguir amando a una persona que no nos ama. De hecho, es insensato pensar y pretender que nos ame quien no nos ama. Al menos pretenderlo durante un periodo de tiempo demasiado extenso. El amor es sencillo. O nos aman o no nos aman. Si amamos y nos aman, todo se puede. Y si amamos y no nos aman, creo que poco podemos hacer. No podemos convencer a la otra persona de lo fascinantes que somos, de que su vida a nuestro lado serÃa maravillosa, y de que juntos serÃamos capaces de lo que fuera. No podemos hacer eso. Si esa persona no lo sabe ya, es que no lo sabrá, y si llega a saberlo, cuando lo haga, seguramente será tarde. Y nosotros no tenemos tiempo que perder. No podemos esperar eternamente a que se den cuenta de las estupendas personas que somos. No nos merecemos eso.
En cualquier caso, si no lo sabe, o lo sabe pero no lo valora, o le da igual, ese es un problema que no nos compete. Nosotros no podemos hacernos cargo de esa torpeza. Y desde luego lo que serÃa imperdonable es desperdiciar nuestras energÃas (mágicas) tratando de comprenderlo o de cambiarlo.
Con lo cual sólo queda una cosa. Esas energÃas mágicas que nos revolean el corazón, que se convierten en el bicho incontrolable que nos sacude el alma, y nos hace torpes, y nos hace reÃr, y llorar, y nos provoca insomnio, y nos hace saltar y caer… esas energÃas no pueden proyectarse únicamente ante algo que no depende de nosotros. Ni tampoco pueden ser reprimidas, porque es algo que nace de lo más hondo y más puro de nuestra alma, y no podemos desecharlas ni ignorarlas. No podemos despreciarlas porque no seamos correspondidos en nuestro amor.
Lo que hay dentro de nosotros, lo que sentimos, sea lo que sea lo que nos lo provoca, es lo que nos hace grandes, es lo que nos convierte en seres extraordinarios. Y eso se merece un respeto.
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Yo aprendà que mi amor no puede transformar comportamientos que no quieren ser transformados. Gasté mucho tiempo y muchas fuerzas en ello. Y lo que conseguà fue aprender que no podÃa conseguir lo que pretendÃa.
Pero también aprendà otra cosa muy valiosa. En realidad lo más valioso, porque es lo que me salva. Aprendà que proyectando mi energÃa mágica en todos los aspectos de mi vida, me hacÃa más grande, todo se hacÃa más hermoso a mi alrededor, todo más fácil, más luminoso… como cuando se está enamorado. Y descubrà que sÃ, que estaba enamorada. De mi trabajo, de mis alumnos, de mi familia, de mis amigos, de mi perro, de mi música, de mis libros... De mi vida.
Jack Bauer dijo
¿Por qué no extiendes esto y escribes un ensayo?
19 Diciembre 2006 | 03:26 PM