“EN LA PLAYA,
TENGA LA BONDAD
DE TENER A SU MIERDA DE PERRO
AGARRADO
CON UNA PUTA CORREA,
Y EVITE QUE MOLESTE AL PERSONAL”

Este cartel aún no lo he puesto en el acceso a la playa que hay en mi urbanización. Pero todo se andará.

Yo llevo atado a mi perro cuando salgo a dar una vuelta con él por la playa, recojo sus mierdas y procuro que no moleste a nadie. El pobrecillo es un poco cagueta, y aunque le gusta relacionarse con sus congéneres (y sobre todo “congéneras”), es un can muy pacífico (y pacifista).

Pero siempre hay alguien que, además de dejar su mierda y la del perro en la arena, tiene a su fiel mascota (de mierda) suelta sembrando el terror por la playa. No suelen ser grandes animales, lo más común es que ataquen (literalmente) a mi perro engendros como cruces de caniche con rata, pequinés cruzado con zarigüeya, o pitbull cruzados con cabra, que son los peores. Y ya me ves a mí, reliada en la correa de mi perro, cual rehén de tribu india, chillando: “¡¡¡¡Señora, ate a su perro, coño!!!”.

Hay que joderse.

Desde aquí, una vez más, hago mi llamamiento al respeto, a la solidaridad, a la urbanidad, al civismo, a la deferencia y a la EDUCACIÓN. O me veré obligada a colocar el cartelito de rigor en los mismo términos que he mencionado.